«Voces del Paisaje en América Latina». Comenzamos la travesía desde Chile con la voz de Ricardo Riveros, a quien invitamos para que nos relate sobre su experiencia, aquel momento y lugar que le inspiró a seguir el camino del paisaje.

Fue una experiencia vivencial muy temprana -y de la escala más pequeña de la arquitectura del paisaje- la que me llevo a la disciplina. Un diseño de un jardín de vivienda unifamiliar, el cual pertenecía a un amigo del colegio, ubicado en plena precordillera de la ciudad de Santiago de Chile. Tenía unos 15 años cuando experimenté este jardín impresionante –por lo extenso y diferente a lo que había visto hasta entonces– viviéndolo como usuario. Recuerdo claramente las ventanas visuales a la majestuosa Cordillera de los Andes, los recintos espacialmente cobijados por la vegetación en sus tres estratas (herbácea, arbustiva y arbórea), la piscina pintada de gris; la cual se confundía asimilándose a un humedal o una pequeña laguna. La fauna visitando y cobijándose en los añosos árboles y en los rincones más íntimos del jardín. Sin duda esta experiencia de diseño despertó en mí el amor hacia la arquitectura del paisaje. Eran los años ´90, por lo tanto, la vegetación exótica era la prioritaria y de gran contraste con el bellísimo bosque esclerófilo nativo del lugar. Eso no fue lo que más llamó a mi atención. La experiencia perceptual de aquel paisaje que hizo conexión conmigo fue la inmensidad de las montañas; aquella roca desnuda, tosca, imponente, la cual suavizaban los opuestos tonos morados y cálidos que proyectaba el atardecer desde el poniente. Pensaba entonces, en que tan sencillo placer de percibir aquel paisaje debiera ser una experiencia que todas y todos pudiésemos vivir. ¡Es un patrimonio! exclamaba en mi mente. Sin saberlo en esa ocasión, estaba pensando en el Paisaje como Derecho. También como una responsabilidad que alguien -yo- debiera acometer como un deber. Después siguieron las experiencias maduras de relación perceptual con el paisaje en el mar, el campo, la ciudad. ¡Tan diversos y ricos como puedan imaginarse!

Unos cuantos años después, en 1999, ingresé a la carrera de Arquitectura del Paisaje. Fueron algunos profesores del Taller de diseño, como Mónica Morales y Claudio Pezzani, quienes profundizaron la pasión con la que ejerzo actualmente la arquitectura del paisaje. Ciertamente, luego en el ámbito profesional, otros referentes continuaron y continúan –a través de la admiración por su trabajo y la amistad– motivando mi labor día a día.

Importante espacio de conocimiento y discusión fue mi paso por el Magíster en Urbanismo, el cual realicé en una de las universidades de mayor pluralismo, calidad y libertad de opinión en mi país. Mi paso por la Universidad de Chile otorgó herramientas para retomar con más fuerza y mayor precisión aquella idea que tuve en mi primer acercamiento al paisaje.

Aquel camino llevó a reencontrarme con Mónica Morales y a conocer a otra figura ilustre del paisaje en Chile; Mónica Palma. Junta a ellas y a otros profesionales de diversas disciplinas, cofundamos la querida Corporación Patrimonio y Paisaje. Refugio disciplinar desde donde realizar activismo, además de acometer proyectos tendientes a valorar al paisaje como un recurso para alcanzar el desarrollo y la equidad. Necesitaría un libro completo para enumerar todos los proyectos y actividades, para relatar tantas anécdotas y experiencias junto a las y los colegas Latinoamericanos, en fin… para volver a pasar por el corazón tantos aprendizajes de vida en torno a la “Corpo”. Una de estas tantas experiencias fue conocer a LALI (Latin-American Landscape Initiative).

En el marco del objetivo inicial, el de poner en valor al paisaje como objeto de derecho y así alcanzar el desarrollo y equidad para nuestros pueblos, es que adscribí al proyecto de LALI. Guiado sabiamente por Martha Fajardo, líder natural que motiva e inspira a querer el paisaje! LALI se transformó en parte esencial de mi camino, al cual siguió el gremio de los arquitectos y arquitectas del paisaje IFLA (International Federation of Landscape Architects), donde pude conducir un proceso colaborativo y participativo hacia la puesta en valor de la disciplina, su difusión y conocimiento en la Región de las Américas, a través de mi Presidencia durante los años 2018 al 2022.

A lo anterior -y pensando en el mismo objetivo original- debo sumar al ámbito de la educación en arquitectura del paisaje como parte de mí trayecto paralelo a todo lo anterior. Convencido en que la educación -formal e informal- es un agente transformador eficaz y verdaderamente significativo para las personas. Ya son 17 años dedicados a la educación superior en Arquitectura del Paisaje, tanto en Chile como en otros lugares. Sin duda, el lugar que me llena de felicidad, en donde más he sentido de cerca lo Humano, el respeto, lo sensible. Lugar en el cual quiero seguir estando siempre y -en lo profesional- la apuesta más grande de todas! Verdaderamente, el rol con el cual me gustaría que me recuerden.

Al jardín de mi amigo del colegio no he vuelto nunca más. Si a la cordillera, muchas veces. Maravillado de su atractivo perceptual y feliz del uso público que tiene para tantos citadinos que en ella encuentran desahogo al estrés, aire limpio y un lugar de encuentro y disfrute. Pero a la vez preocupado de los notorios impactos del cambio global y particularmente de la crisis climática y emergencia de biodiversidad. El avance de la desertificación y su afectación a aquel antes frondoso bosque y matorral esclerófilo y a su fauna asociada es incuestionable. Me hace pensar en los nuevos matices que se incorporan a los objetivos que se dibujan en el horizonte de mi trayecto; actuar profesionalmente en los espacios exteriores, en nuestras ciudades especialmente, diseñando soluciones que mitiguen, o mejor aún, se adapten a los impactos y al riesgo que para las personas conllevan. Esto nos conduce como profesionales hacia el continuo avance en la comprensión transdisciplinar de la arquitectura del paisaje. Al estrecho vínculo que debemos tener con los científicos que nos advierten de complejos diagnósticos, sin dejar de escuchar lo que nos dicen las comunidades desde su conocimiento del paisaje. Nuestra capacidad de comprender y territorializar estos diagnósticos, a la vez que diseñamos las soluciones idóneas en el espacio público a modo de parques u otras tipologías, es una tarea que como arquitecto del paisaje debo continuar emprendiendo. De esta manera mi trayecto no se agota, si tiene un objetivo relativamente claro, sin embargo al igual que el paisaje, mi trayecto es inconmensurable. Como bien dice un querido amigo argentino: “(…) es inmensurable, está dentro de mí y dentro de ti. Todo lo que nos rodea —tanto lo tangible como lo intangible— hace que en nuestro interior emerja el paisaje”.

¡Atentos a la siguiente voz del paisaje!

1 En la normativa chilena, existen dos figuras para organizaciones no gubernamentales, sin fines de lucro; la Fundación y la Corporación. La Fundación debe formarse con un capital financiero inicial, mientras que la Corporación no necesita de capital financiero inicial para fundarse.

2 Lucas Períes, 2020.

Ricardo Riveros

Arquitecto del Paisaje, Magíster Urbanismo.

Profesor durante más de 17 años en escuelas de Arquitectura del Paisaje en Chile, actualmente en la Carrera de Arquitectura del Paisaje de la Universidad Central de Chile UCEN.

Miembro del Núcleo de Investigación en Biodiversidad Urbana UCEN.

Profesor visitante en las Maestrías Paisaje, Medio Ambiente y Ciudad de la Universidad Nacional de La Plata, Argentina y de Diseño del Paisaje de la Universidad Pontificia Bolivariana, Medellín, Colombia.

Presidente de IFLA AR (Americas Region) en los años 2018 a 2022.

Ex-Presidente del Instituto Chileno de Arquitectos Paisajistas ICHAP.

Secretario Ejecutivo Foros Iniciativa Latinoamericana del Paisaje LALI.

Director ONG Patrimonio y Paisaje en Chile.

Investigador, jurado y ponente internacional en Arquitectura del Paisaje, profesor de talleres internacionales sobre paisaje, espacio público y participación comunitaria en países como Argentina, Uruguay, Brasil, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Guatemala, México, Estados Unidos, Canadá, Alemania, Noruega, China, Corea, entre otros.

Instagram: ricardo_riveros_c

Ricardo Riveros

Foi uma experiência vivencial muito precoce ¬¬- e na menor escala da arquitetura paisagística – que me levou à disciplina. O projeto de um jardim de casa unifamiliar, que pertencia a um amigo da escola, localizado nas colinas da cidade de Santiago do Chile. Eu tinha cerca de 15 anos quando experimentei este jardim impressionante – pela sua vastidão e diferença do que eu tinha visto até então – vivenciando-o como usuário. Lembro-me claramente das janelas visuais para a majestosa Cordilheira dos Andes, os espaços protegidos pela vegetação em suas três camadas (herbácea, arbustiva e arbórea), a piscina pintada de cinza; que se fundia assemelhando-se a um brejo ou uma pequena lagoa. A fauna visitando e se abrigando nas árvores antigas e nos cantos mais íntimos do jardim. Sem dúvida, essa experiência de design despertou em mim o amor pela arquitetura paisagística. Era a década de 90, portanto, a vegetação exótica era a prioridade e em grande contraste com a bela floresta esclerófila nativa do local. Isso não foi o que mais chamou minha atenção. A experiência perceptual daquele paisagem que se conectou comigo foi a imensidão das montanhas; aquela rocha nua, áspera, imponente, suavizada pelos tons opostos de roxo e quente projetados pelo pôr do sol do oeste. Eu pensava então, como o simples prazer de perceber aquela paisagem deveria ser uma experiência que todos pudessem viver. «É um patrimônio!» exclamava em minha mente. Sem saber naquela época, eu estava pensando em Paisagem como Direito. Também como uma responsabilidade que alguém – eu – deveria assumir como um dever. Depois vieram as experiências maduras de relacionamento perceptual com a paisagem no mar, no campo, na cidade. Tão diversos e ricos quanto se possa imaginar!

Alguns anos depois, em 1999, ingressei no curso de Arquitetura Paisagística. Foram alguns professores do Workshop de Design, como Mónica Morales e Claudio Pezzani, que aprofundaram a paixão com a qual atualmente pratico a arquitetura paisagística. Certamente, mais tarde no campo profissional, outras referências continuaram e continuam – através da admiração pelo seu trabalho e amizade – motivando meu trabalho dia após dia.

Um importante espaço de conhecimento e discussão foi minha passagem pelo Mestrado em Urbanismo, que fiz em uma das universidades com maior pluralismo, qualidade e liberdade de opinião em meu país. Minha passagem pela Universidade do Chile forneceu ferramentas para reavivar com maior força e precisão aquela ideia que tive em minha primeira abordagem à paisagem.

Esse caminho me levou a me reunir com Mónica Morales e a conhecer outra figura ilustre na paisagem do Chile; Mónica Palma. Junto com elas e outros profissionais de várias disciplinas, fundamos a amada Corporação Patrimônio e Paisagem. Um refúgio disciplinar de onde realizar ativismo, além de empreender projetos voltados para valorizar a paisagem como recurso para alcançar desenvolvimento e equidade. Eu precisaria de um livro inteiro para listar todos os projetos e atividades, para contar tantas anedotas e experiências com colegas latino-americanos, enfim… para passar por tantas lições de vida em torno da «Corpo» novamente. Uma dessas muitas experiências foi conhecer a LALI (Iniciativa Latino-Americana da Paisagem).

No âmbito do objetivo inicial, o de valorizar a paisagem como um direito e assim alcançar desenvolvimento e equidade para nossos povos, é o que me levou a me juntar ao projeto da LALI. Guiado com sabedoria por Martha Fajardo, uma líder natural que motiva e inspira o amor pela paisagem! A LALI tornou-se uma parte essencial do meu caminho, seguido pela guilda de arquitetos paisagistas IFLA (Federação Internacional de Arquitetos Paisagistas), onde pude liderar um processo colaborativo e participativo em direção à valorização da disciplina, sua disseminação e conhecimento na Região das Américas, durante minha Presidência de 2018 a 2022.

Ao acima – e pensando no mesmo objetivo original – devo acrescentar o campo da educação em arquitetura paisagística como parte do meu caminho paralelo a tudo isso. Convencido de que a educação – formal e informal – é um agente transformador eficaz e verdadeiramente significativo para as pessoas. Já são 17 anos dedicados ao ensino superior em Arquitetura Paisagística, tanto no Chile quanto em outros lugares. Sem dúvida, o lugar que me enche de felicidade, onde me senti mais próximo do Humano, do respeito, da sensibilidade. Um lugar onde quero estar sempre e – em termos profissionais – o maior compromisso de todos! Verdadeiramente, o papel com o qual gostaria de ser lembrado.

Nunca mais voltei ao jardim do meu amigo da escola. Mas à cordilheira, muitas vezes. Maravilhado com seu atrativo perceptual e feliz pelo uso público que tem para tantos habitantes da cidade que encontram alívio do estresse, ar limpo e um lugar de encontro e desfrute. Mas ao mesmo tempo preocupado com os notórios impactos da mudança global e particularmente da crise climática e emergência da biodiversidade. O avanço da desertificação e seu impacto naquela floresta e arbustos esclerófilos outrora exuberantes e em sua fauna associada é inegável. Isso me faz pensar nos novos matizes que se incorporam aos objetivos delineados no horizonte do meu caminho; agir profissionalmente em espaços ao ar livre, em nossas cidades especialmente, projetando soluções que mitiguem, ou ainda melhor, se adaptem aos impactos e riscos que representam para as pessoas. Isso nos leva como profissionais ao contínuo avanço na compreensão transdisciplinar da arquitetura paisagística. O vínculo estreito que devemos ter com cientistas que nos alertam sobre diagnósticos complexos, enquanto ouvimos o que as comunidades nos dizem a partir de seu conhecimento da paisagem. Nossa capacidade de entender e territorializar esses diagnósticos, ao mesmo tempo em que projetamos as soluções ideais no espaço público como parques ou outras tipologias, é uma tarefa que, como arquiteto paisagista, devo continuar a empreender. Dessa forma, meu caminho não termina, tem um objetivo relativamente claro, no entanto, assim como a paisagem, meu caminho é imensurável. Como diz um querido amigo argentino: «(…) é imensurável, está dentro de mim e dentro de você. Tudo que nos cerca – tanto tangível quanto intangível – faz com que a paisagem surja dentro de nós».

Ricardo Riveros

It was a very early experience – at the smallest scale of landscape architecture – that led me to the discipline. The design of the garden of a single-family house belonging to a school friend in the foothills of the city of Santiago de Chile. I was about 15 years old when I experienced this impressive garden – for its vastness and difference from what I had seen before – as a user. I clearly remember the windows onto the majestic Andes, the spaces sheltered by the vegetation in its three layers (herbaceous, shrubby and arboreal), the pond painted grey; which merged to resemble a wetland or a small lagoon. The fauna visits and shelters in the old trees and in the most intimate corners of the garden. Without a doubt, this design experience awakened my love for landscape architecture. It was the 1990s, so exotic vegetation was the priority, in stark contrast to the beautiful native sclerophyll forest of the place. That was not what caught my attention. The perceptual experience of this landscape that connected with me was the immensity of the mountains; that bare, rough, imposing rock, softened by the opposing purple and warm tones projected by the sunset from the west. I thought then how simple the pleasure of perceiving this landscape should be, an experience that everyone could live. «It’s a legacy,» I thought. Without knowing it at the time, I was thinking of landscape as a right. Also as a responsibility that someone – me – should take on as a duty. Then came the mature experiences of the perceptual relationship with the landscape at sea, in the countryside, in the city. As varied and rich as you can imagine!

A few years later, in 1999, I enrolled in the Landscape Architecture programme. It was some of the professors at the Design Workshop, such as Mónica Morales and Claudio Pezzani, who deepened the passion with which I currently practice landscape architecture. Of course, later in my professional life, other references continued and continue to motivate my work every day through admiration for their work and friendship.

An important space of knowledge and discussion was my time in the Master’s in Urbanism, which I did in one of the universities with the greatest pluralism, quality and freedom of opinion in my country. My time at the University of Chile provided me with the tools to revive with greater force and precision the idea I had in my first approach to the landscape.

This path led me to reunite with Mónica Morales and to meet another illustrious figure in the Chilean landscape, Mónica Palma. Together with them and other professionals from different disciplines, we founded the beloved Heritage and Landscape Corporation. A disciplinary refuge from which to carry out activism, as well as projects aimed at valuing landscape as a resource for development and justice. It would take a book to list all the projects and activities, to tell so many anecdotes and experiences with Latin American colleagues, in short… to relive so many life experiences around the «Corpo». One of these many experiences was the meeting with LALI (Latin American Landscape Initiative).

I joined the LALI project in the context of its original objective, which was to value landscape as a right in order to achieve development and justice for our peoples. Wisely guided by Martha Fajardo, a natural leader who motivates and inspires love for the landscape! LALI became an essential part of my path, followed by the Guild of Landscape Architects IFLA (International Federation of Landscape Architects), where through my presidency from 2018 to 2022 I have been able to lead a collaborative and participatory process to value the discipline, its dissemination and knowledge in the Americas region.

To the above – and thinking of the same original objective – I must add, as part of my parallel journey to all of the above, the field of education in landscape architecture. Convinced that education – formal and informal – is an effective and truly significant transformative agent for people. It has been 17 years of dedication to higher education in landscape architecture, both in Chile and elsewhere. Undoubtedly the place that fills me with happiness, where I have felt the closest to humanity, respect and sensitivity. A place where I always want to be and, in professional terms, the greatest commitment of all! This is really the role I want to be remembered for.

I have never returned to the garden of my school friend. But to the mountains, many times. Amazed by its perceptual appeal and delighted by its public use for so many city dwellers who find relief from stress, clean air, a place to meet and enjoy. But at the same time concerned about the notorious effects of global change, particularly the climate crisis and the biodiversity emergency. The advance of desertification and its impact on this once lush sclerophyll forest and scrubland and its associated fauna is undeniable. It makes me think of the new nuances that are included in the objectives outlined on the horizon of my journey: to act professionally in open spaces, especially in our cities, and to design solutions that mitigate, or even better, adapt to the impacts and risks they pose to people. This leads us, as professionals, to the continuous development of the transdisciplinary understanding of landscape architecture. The close link we must have with scientists, who warn us of complex diagnoses, while listening to what communities tell us from their knowledge of the landscape. Our ability to understand and territorialise these diagnoses, while designing the ideal solutions in the public space as parks or other typologies, is a task that I, as a landscape architect, must continue to carry out.

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