Ya son más de 8 años en que la LALI se ha venido constituyendo, evolucionando y madurando. Y es en ese transcurso de tiempo que la semilla sembrada en Medellín, Colombia, se ha desarrollado, dio frutos y de esos frutos otras semillas. Estas semillas son nuevas generaciones, que entran en el universo LALI para sumar e introducir miradas frescas e innovadoras.
Como ustedes saben la filosofía de la LALI de concreción y cooperación desea que, desde su dirección, también exista un liderazgo compartido. En una iniciativa como la LALI, que no está regida por intereses económicos, su fuerza radica en el poder de convocatoria, de legitimidad, de corresponsabilidad. Y considero que esta fuerza se debe duplicar con un liderazgo compartido, que abarque diferentes regiones, ámbitos y visiones.
Por lo tanto, este movimiento Latinoamericano que progresa a través de cada integrante de la red y no por una sola persona como líder, quiere tener un apoyo de codirección, es por ello, por lo que les presento a Lucas Períes en el rol de codirector de la Iniciativa Latinoamericana del Paisaje.
Lucas es Doctor en Arquitectura por la Universidad de Buenos Aires. Magíster en Arquitectura Paisajista por la Universidad Católica de Córdoba. Posgrado en Principios de Diseño, en el Instituto del Diseño UCC. Arquitecto por la Universidad Nacional de Córdoba. Director del Instituto del Paisaje UCC (desde 2016). Con participaciones en IFLA Global e IFLA AR desde 2018. En 2013 se incorporó a LALI y ha mostrado una gran creatividad y desempeño en las convocatorias LALI (El paisaje a través de mi ventana, la campaña por amazonas, el Nodo Catálogos del paisaje, la nueva imagen de la LALI, etc.).
Para mi será una nueva etapa compartir con Lucas Períes y con ustedes, en esta jornada de vida, en esta familia LALI que se fortalece cada día.
– Martha Fajardo

Entrevista a Lucas Períes, nuevo codirector LALI

Entrevista a Lucas Períes, nuevo codirector LALI

Por Claudia Misteli, Coordinadora Nodo LALI Comunicación


¿Qué es la LALI?

LALI es tantas cosas juntas que resulta difícil resumirlo en una sola. Algo de eso está plasmado en algunas últimas comunicaciones que realizamos. Podría decir, en tono poético, que:

LALI es un espacio, como el de una casa, que cobija una gran familia latinoamericana de apellido Paisaje.

LALI es la disolución de fronteras políticas dentro de un mismo gran paisaje.

LALI es el encuentro plural de personas con distintos caminos, pero con objetivos comunes por el paisaje.

LALI es el deseo y la voluntad de promulgar la noción y el sentido del paisaje.

LALI es una acción colaborativa y sin jerarquías que impulsa la promoción de los valores y beneficios del paisaje.

LALI es la dicha de compartir intereses comunes e implementar acciones por y para la salvaguarda del paisaje.

LALI es sapiencia y conciencia por el medioambiente y su resultante como buen paisaje.

LALI es vibrante y festiva, como su nueva imagen que representa su paisaje.

¡¡¡LALI es un “sentimiento” de compromiso y afecto por nuestro paisaje!!!

¿Cómo llegaste a formar parte de la LALI?

Mi incorporación a LALI se remonta al año 2013, en la ciudad de Guayaquil y en el marco de la conferencia regional de IFLA Américas. Allí tomé contacto con Martha Fajardo y desde ese día comenzamos a dialogar e inicia mi participación. En aquel entonces, con mi propuesta del Nodo Comunicaciones.

Desde que integras la LALI ¿cómo te ha enriquecido ser parte de esta red?

Considero que hay dos aspectos que hacen al enriquecimiento y que está muy lejos de lo comercial, porque es muy importante aclarar que se trata de una organización sin fines de lucro. Por un lado, el acceso a un capital de conocimiento multidisciplinar y multisectorial, la posibilidad de estar en contacto directo con otros modos de sentir, pensar y hacer en torno al paisaje. Y en otro aspecto, LALI me permitió conocer una diversidad de personas de toda la región, incluso del mundo, y estar en contacto con gente muy valiosa y talentosa, pero por sobre todo en lo emotivo y afectivo. En este último sentido, gané amistades que trascienden la actividad profesional y con las que se han generado vínculos personales muy estrechos, pese a las distancias y gracias a las tecnologías de comunicación.

¿Cuáles crees que son los principales retos de la LALI y cómo podríamos abordarlos?

Considero que la organización de la organización, valga la redundancia, es una cuestión clave en la que trabajar. Y con esto no quiero decir que LALI este desorganizada, por el contrario, posee una estructura muy robusta y operativa. Me refiero a la posibilidad de sistematizar los proyectos, las líneas de acción y los productos, establecer un organigrama con metas precisas y poder estimar los impactos.

Otro de los desafíos en el que se viene trabajando, ya hace tiempo, es el Convenio Latinoamericano del Paisaje; su desarrollo como proyecto y su deseada concreción es una tarea que se encuentra en la primera hoja de la agenda de LALI. Es un gran desafío del que estamos convencidos de que es posible e indispensable. El convenio no es una meta a corto plazo, porque sabemos que es un camino arduo y lento, pero en el que ya hay un largo trecho construido y está la convicción de que se podrá lograr.

Hay acciones de visibilización y concientización sobre los valores y beneficios del paisaje que me interesa poder seguir proponiendo y desarrollando. Lo hicimos en 2019 por los incendios de amazonia y en 2020 con “El paisaje a través de mi ventana”, en ambos casos en cooperación con el Instituto del Paisaje de la Universidad Católica de Córdoba (Argentina) desde mi rol como director. Fueron dos experiencias distintas, pero igual de asombrosas, nos llevaron a resultados inesperados y dieron la vuelta al mundo en sentido literal. Pronto lanzaremos un nuevo proyecto en esta línea, sobre “Aforismos de Paisaje”.

Y hay algo que es lo más importante, aunque pueda parecer menor, es sostener las acciones en curso que desarrolla cada nodo y por sobre todo el carácter colaborativo y horizontal de la red. Se trata de poder preservar su identidad y el cuerpo de integrantes, que son los pilares más preciados de LALI.

¿Cuál es tu motor para codirigir esta iniciativa?

El “combustible que enciende el motor” (con energía renovable ¡por favor!) surge de mi personalidad hacedora, creativa e inquieta, en constante búsqueda de alternativas innovadoras para la realidad. Quiero comentar que cuando Martha Fajardo realizó la propuesta de codirección lo pensé un par de días, no fue un sí inmediato como a mí me caracteriza. No porque hubiera cuestiones que no me agradarán, simplemente porque, si bien considero que el rol es un honor y reconocimiento a mi trabajo, también es una gran responsabilidad, que implica compromiso extenso. Hay mucha responsabilidad porque LALI es muy poderosa. Es una organización que se gestó como un mega hormiguero, con la sumatoria de aportes de múltiples comunidades (profesionales, académicas, científicas, políticas, civiles) y eso la hizo gigante en conexiones endógenas y exógenas. Tiene mucha llegada y poder de convocatoria; es incuestionable porque es independiente, no tiene que rendir cuentas y sus acciones son benéficas; y, además, es mirada por el mundo, causa amplio interés, creo que porque es distinta a las lógicas tradicionales. Todo este conjunto hace que cada día se deba ser más responsable y organizado porque el compromiso crece exponencialmente.

También decir que es muy grato poder trabajar con Martha, ella tiene una energía arrolladora que es contagiosa y una cualidad que pocas personas atesoran, la posibilidad de encontrar lo positivo y luminoso ante la extrema oscuridad.

Estas cuestiones alimentan mi motor, me entusiasman, y lo valoro como una oportunidad concreta para desarrollar mi vocación filantrópica.

¿Cómo ves la LALI en 10 años?

Estamos es un mundo muy incierto y cada vez más. El momento y lugar que nos toca vivir va en contra de la futurología, en muchos aspectos no sabemos qué sucederá la semana próxima, no tenemos certezas de si lo planificado para mañana se podrá contratar, si podremos salir de casa, si la reunión sucederá, si tendremos conectividad, si la vacuna llegará. Yo soy argentino, tengo 45 años, gozo de buena salud, soy profesor titular universitario al mando de una cátedra integrada por 500 estudiantes de arquitectura, en una de las universidades públicas más antigua y prestigiosa de Latinoamérica (la Universidad Nacional de Córdoba), una actividad muy riesgosa para el contexto de pandemia y aún no tengo vacuna covid; estoy a la espera y deseando algún día regresar a la enseñanza presencial con mi equipo docente y 500 estudiantes. Estas cuestiones nos han cambiado la forma de planificar y de mirar al futuro, por tanto, valorar el presente, el minuto a minuto. En este momento, disfruto de poder tomar un café mientras respondo las preguntas de esta entrevista que me permite expresarme y compartir con ustedes.

Pero si hago el esfuerzo de proyectarnos a diez años, imagino a LALI, acompañada por muchas otras instituciones, en la llegada a las puertas de la firma del Convenio Latinoamericano del Paisaje. Quizás debiera ser más optimista e imaginar el convenio resulto, pero entiendo que llevará más tiempo. Sea como sea lo importante es que en ese tiempo habremos trabajado de manera sostenida para concretarlo y si lo alcanzamos antes, bienvenido sea.

¿Cuál es tu imaginario de Latinoamérica?

Primero que nada, hay que decir que me apasiona, me siento parte, es mi gran territorio, Latinoamérica me causa mucho interés, me atrapa. Para mi pensar en esta región es como mirar el fuego o el mar, me resulta hipnótico. He escrito mucho al respecto, sobre todo en el sentido paisajístico. También he tenido la suerte de recorrerla, de visitar gran parte de sus países y haber surcado el cielo mirando al suelo por la ventanilla de los aviones. Mi imaginario se construye desde la conjunción de las culturas tan diversas y tan comunes, aquellas que emergen desde el extremo norte de México a Tierra del Fuego (Argentina) y de la naturaleza exuberante e inhóspita, como lo que sucede en sentido transversal desde Brasil a Perú.

América Latina tiene “ese qué sé yo, ¿viste?” (como dice el tango, Balada Para Un Loco de Piazzolla y Ferrer), es contradictoria, se gesta desde las oposiciones y se complementa en las coincidencias. Es efervescente, festiva y es dolorosa, cruel. Es un crisol multifacético de componentes “en el mismo lodo, todos manosea’os … y ves llorar la Biblia junto a un calefón” (como dice otro tango, Cambalache de Discepolo). Pero hay algo que me impacta más aún y que lo advertí en el último simposio LALI Pensar y Sentir el paisaje de Chile, 2019, en palabras del jesuita Felipe Berríos, él dice que Latinoamérica no es pobre es “injusta”. Esta noción y visión es la que me impulsa a trabajar, desde mis posibilidades y alcances, para el acceso universal a un buen paisaje, en el amplio sentido de la expresión. Porque Latinoamérica demanda y merece equidad, un “paisaje justo”, desde LALI podemos contribuir en ello.

 

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