Nos han secuestrado el paisaje

A seemingly surreal landscape through my window, an ancient village in harmony with nature, is actually a real landscape that has been here for over a thousand years. Being on lockdown in a remote village in Wuyuan, Jiangxi Province, has led me to realize that the ways we have lived in cities bin the past is utter nonsense.

Nos han secuestrado el paisaje

 

Por Gonzalo de la Fuente de Val

Tan imprevisto como sorpresivo nos han secuestrado el paisaje; tuvimos que dejar nuestras calles, los parques y el monte. Ya nadie disfruta de los bosques, del aroma de las flores, ya nadie aprecia las flores amarillas, blancas, rojas de las rotondas; ya nadie camina por las praderas ni los balones golpean los arbustos de las plazas. La verde y floreada alameda se funde en el horizonte de una playa desolada.

Calles grises se adueñan de los rincones de la ciudad; la melancolía impregna cada centímetro del anochecer con dolorosa amargura de la incertidumbre y de vez en cuando alguna persona cruza la calle medio escondida e insegura.

Miramos el paisaje desde nuestras terrazas y ventanas; nos acercamos cada mañana buscando un rayo de sol, una brisa o unas gotas de lluvia que golpeen nuestros rostros; a lo lejos escuchamos las palpitaciones del paisaje a través del canto de los pájaros que nos dicen que la naturaleza está ahí.

Nunca hemos sentido que tan vital es la naturaleza en nuestras vidas; la dureza del confinamiento nos muestra que la tranquilidad y frescura de la arboleda; del rio febril es un remanso para todos. Para tan complejas, dispares ciudades en que vivimos.

Ah si pudiera elegir mi paisaje
elegiría, robaría esta calle,
esta calle recién atardecida
en la que encarnizadamente revivo
y de la que sé con estricta nostalgia
el número y el nombre de sus setenta árboles.
(Elegir mi paisaje,

Mario Benedetti 1920-2009)

No es menos cierto, que más temprano que tarde recuperaremos la libertad y volveremos a recorrer nuestros paisajes y lugares comunes. Abrazándolos con ímpetu, alegría y, cierto, alivio después de la tormenta.

Al retornar al paisaje, es insoslayable re-pensarlos modos de relacionarnos con la naturaleza, hemos vivido en un paisaje afiebrado. Al cual con inusitada soberbia le hemos dado la espalda.

El destino de nuestros paisajes merece una amable mirada, reconociendo que no hemos sido en nuestro imaginario víctimas sino carcelarios de una naturaleza enferma. El paisaje maltratado, abandonado a su suerte, ha reclamado con dureza unos minutos de atención.

Nos ha citado a la hora de la verdad, sin sospechas de nuestra fragilidad, sin elección y duda posible; donde todos los pasos son inciertos el paisaje se muestra abierto, en silencio el seno de la naturaleza, hacia un cambio sin matices y, menos aun, sin vacilación de uno mismo.

«Si quieres cambiar el mundo, empieza por cambiar tú primero”.
(M. Ghandi, 1869 – 1948)

Después de todo, cerraremos las puertas del pasado aprendiendo que los paisajes tienen alma, las raíces del futuro se tejen en nuestras manos; anhelando no volver a estar encarcelados contemplando atardeceres desde la ventana; en donde todo se va borrando, todo desaparece en el follaje de los arboles.

Gonzalo de la Fuente de Val

Nodo Lali Educación

Asesor en Fondo Verde ONG: https://www.fondoverde.org
CEO en Tourism&Landscape: https://www.tourismlandscape.com
Este artículo también ha sido publicado en el blog de Tourism&Landscape: «Nos han secuestrado el paisaje».

We have been robbed of our Landscape

We have been robbed from our landscape

As unexpected as surprising, we have robbed of our landscape. We had to leave our streets, parks and mountains. Nobody can enjoy the woods anymore, the smell of flowers, nobody appreciates the yellow, white and red flowers of the roundabouts; nobody walks in the meadows anymore and footballs no longer hit the bushes in the squares. The green and flowery boulevard fades into the horizon of a desolate beach.

Grey streets cover every inch of the city; melancholy fills the evening with the painful bitterness of uncertainty and, every now and then, someone crosses the street half hidden and unsafe.

We look at the landscape from our balconies and windows; we come closer every morning looking for a ray of sunshine, or to feel a breeze or a few drops of rain on our faces; in the distance we hear the heartbeats of the landscape through birdsongs telling us that nature is there.

We have never understood how vital nature is to our lives; the harshness of confinement shows us that the peacefulness and freshness of the grove; of the feverish river is a haven for all. For such complex, disparate cities we live in.

Ah if I could choose my landscape
I would choose, I would rob this street,
this freshly dusked street
where I fiercely revive
and which I know with strict nostalgia
the number and name of your seventy trees.
(Choosing my landscape,

Mario Benedetti 1920-2009)

It is true that sooner or later we will regain our freedom and return to our landscapes and common places. Embracing them with impetus, happiness and, of course, relief after the storm.

On returning to the landscape, it is unavoidable to rethink the ways in which we relate to nature, we have lived in a feverish landscape. We have turned our backs on it with unusual arrogance.

The fate of our landscapes deserves a kind glance, recognizing that we have not been, in our imagination, victims but captors of a sick nature. The mistreated landscape, abandoned to its fate, has firmly demanded a few minutes of attention.

It has gathered us at the moment of truth, without suspicion of our fragility, without choice and possible doubt; where all actions are uncertain the landscape opens up, in silence the bosom of nature, towards a change without nuances and, even less, without hesitation of oneself.

«If you want to change the world, start by changing yourself first»
(M. Ghandi, 1869 – 1948)

After all, we will shut the doors of the past learning that landscapes have a soul, the roots of the future are woven into our hands; longing not to be imprisoned again contemplating sunsets from the window; where everything is erased, everything disappears into the foliage of the trees.

Gonzalo de la Fuente de Val

Cluster LALI Education

Advisor at Fondo Verde ONG: https://www.fondoverde.org

CEO at Tourism&Landscape: https://www.tourismlandscape.com

This post has also been published on my blog Tourism & Landscape: «We have been robbed of our landscape»

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