El paisaje íntimo en tiempos de anidamiento

El paisaje íntimo en tiempos de anidamiento

“La naturaleza de la vida es relacional, la esencia de la comunidad es la red de interrelaciones. La geometría de la red determina la velocidad de las reacciones, sin la red la sopa química no sabe a vida”. – David George Haskell.

Hemos entrado en una especie de quietud rompiendo la velocidad en la que estábamos montados sin pausar y mirar con perspectiva. Esta cuarentena nos ha dado un regalo único: tener a nuestra disposición el espacio y el tiempo para mirar con toda la delicadeza y atención al paisaje íntimo. Mirar con perspectiva ese mundo exterior que nos ha atraído siempre, el paisaje del otro: sus historias, estéticas y formas. Estamos capturados en narrativas en las que nos vemos reflejados o fascinados o fastidiados.

Dibujo por Diana Wiesner

Este tiempo único, nos ofrece la posibilidad de entender el paisaje íntimo , el de nuestros afectos, nuestra familia y seres cercanos. Reconociendo el propio cuerpo y administrando pensamientos que revolotean en la incertidumbre global.

¿Cómo narrar los paisajes de intimidades? ¿Describirlo en sus rasgos, escalas, tamaños, olores?

Cada paisaje íntimo de los miles de millones de habitantes tomó relevancia, esos espacios que coleccionan objetos e historias personales. El lugar que le rinde tributo a lo que escogemos, decoramos, cuidamos, llenamos de objetos, libros, colores, texturas. El paisaje de casa. Se escuchan los rostros de los trastes, cuencos, libros, lápices, papeles, y objetos visibles en todas las reuniones globales. La vida cotidiana se reveló ante todos. El paisaje de la producción, de las oficinas perdió relevancia. Se enfocó hacia el hábitat. Hacia el nicho de la vida.

Esta fase de anidamiento pone en evidencia que es lo que atesoramos en el espacio de cuidar lo esencial. Como mencionaba en otra discusión global, estamos como las aves componiendo el nido protegiendo lo esencial, pues contiene el proceso de lo que se esta gestando en su interior.

 

Esta anidación nos ha permitido aprender a relacionarnos de otra forma y estrechar los lazos que se debilitaron por la velocidad de los tiempos de “ser productivos”. Este estado ha puesto a millones de personas a esperar en silencio, como esperando una voz que salda de las nubes y el paisaje nos dé alguna señal. Pero seguimos en la incertidumbre de su interpretación.

Es momento de actuar como una red de células colaboradoras en la cual se logra lo que una sola no alcanza: incidir en el giro del timón del poder sobre el cambio de prioridades y decisiones fundamentales como la educación, las formas de producción y consumo.

Actuemos en una avalancha de pensamiento, imaginación y arte que inspiren a estrechar nuestra relación con el paisaje universal.

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Diana Wiesner Ceballos

Diseñadora de paisaje y en ecología urbana, activista líder de la Fundación Cerros de Bogotá

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