“La variedad de los paisajes de América Latina es un friso monumental de cielos, huellas y penumbras incandescentes”

Carlos Pellegrino, Uruguay

La declaración de la iniciativa fue producto del cruce del diálogo regional, de objetivos en común y valores compartidos. La redacción implicó un proceso inclusivo y participativo de los 12 países de la región. Este proceso fue la fuente principal de su legitimidad como marco ético rector. Liderada desde Colombia, el documento final terminado el 30 de agosto de 2012, en español, inglés y portugués, siendo los tres textos igualmente auténticos, en un solo proyecto depositado en el Observatorio del Paisaje.


Esta declaración de principios, estrategias y plan de acción transdiciplinaria ascendente se firmó y refrendo en la Conferencia Regional IFLA1-SAP, Medellín, Colombia el 20 de octubre de 2012, en medio de una lluvia de hojas amarillas, en una alegoría a Gabriel Garcia Márquez y Cien años de soledad y sus enjambres de mariposas amarillas (Phoebis philea). La fascinación del nobel por los paisajes del continente; lo cotidiano, la naturaleza y diversidad del Caribe muestra su visión latinoamericana llena de singularidades y de realismo mágico. 


Latinoamérica ya no está sola, unidos por una causa, que, desde la LALI, aunque pequeña, dejan en manifiesto un clamor de un continente que si bien tiene momentos que pareciesen entorpecer su camino se encuentra tejiendo con una esencia de talento propio a partir de la imaginación.


La iniciativa aborda una primera estrategia con las Cartas de paisaje, declaraciones estructuradas por las sociedades de arquitectos paisajistas de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Chile, Ecuador, México, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela las cuales fueron el detonante de la iniciativa. 

DECLARACIÓN

Los signatarios del presente , de común acuerdo, reconocen que el paisaje:

Es el crisol del intangible de las comunidades latinoamericanas.

Es un recurso excepcional, frágil y perecedero.

Es un cultural, social y ambiental que representa la integración y comunicación con el pasado de nuestros pueblos y define su devenir.

Es un valor de referencia y control de las transformaciones, por su asociación con la memoria ancestral, colectiva y los significados culturales, naturales y simbólicos que contiene.

Es un derecho que todos los seres humanos deberían disfrutar, lo cual genera compromisos y responsabilidades.

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